En mi patio hay flores rojas y amarillas. El sol las ilumina. Hay ropa tendida, un par de gatos dando vueltas. Es la estética de lo cotidiando, que de tanto utilizarse y verbalizarse, ha perdido el sabor. Pareciese artificial, quizás una película, pero: Flores, flores, multicolores, ajenas. Breves, eternas. Me recuerdan que mi muerte es inminente. Evidente. Se sabe por mis ojos; el fuego se ha extinguido. En su lugar hay un vacío vidrioso, que sitúo en dirección al cielo, tratando de capturar una nube con la mirada. Desprenderme, alejarme. Planear en el aire. Situarme sobre un árbol y esperar. Confirmar lo que he dicho: el mundo es una mierda pero la vida es hermosa. Perezosa. Deliciosa. Tres acordes y una voz y ya no existe el silencio. Un par de ojos y un suspiro y ya no existe la soledad.
Es evidente e inminente, mi muerte, la muerte. Esos gatos lo saben y da igual. Aún me queda un cigarrillo y hace un rato comí un plato de mariscos. Si. La vida es hermosa y deliciosa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada